Cuando Alfredo Cepeda llegó a México por primera vez en 2019, traía una lista de trámites que completar antes de poder abrir una empresa. Notario, bancos, entidades regulatorias, permisos. El proceso le tomó tres meses. Cuando regresó en 2022 a fundar su propia startup, el mismo proceso lo hizo en menos de dos meses. Esa mejora, pequeña desde afuera pero significativa para quien la vive, resume bien la razón por la que este ingeniero industrial colombiano ha apostado por México en tres momentos distintos de su carrera: ve un país que está cambiando, un ecosistema que está madurando, y un mercado de manufactura que es, en sus propias palabras, nueve veces el tamaño del colombiano en términos de PIB industrial. No vino por obligación. Vino porque eligió venir.
La trayectoria de Cepeda antes de fundar Masu es el tipo de currículo que pocas veces produce un emprendedor de nicho industrial. Empezó en Promigas, uno de los líderes colombianos en transporte y distribución de gas natural, donde pasó seis años aprendiendo de directivos con décadas de experiencia en operaciones reales. En 2015 lo mandaron a Perú a montar desde cero la red de distribución y transporte de una licitación recién ganada: un Excel en blanco, una infraestructura por construir, y la primera lección concreta sobre lo que significa lanzar una operación fuera de tu localidad. Después vino Frubana, la startup de distribución de alimentos para restaurantes que le abrió los ojos al tamaño de lo que se puede construir en Latinoamérica y le enseñó, a escala de 100,000 restaurantes en 10 ciudades y 1,500 rutas diarias, lo que significa operar logística compleja con tecnología como columna vertebral.
La idea de Masu nació de una observación concreta que Cepeda hizo durante sus años en cadenas de suministro B2B: en la industria de materias primas para manufactura, una orden promedio de compra generaba más de diez correos electrónicos internos antes de cerrarse. Llamadas telefónicas, hojas de cálculo, negociaciones manuales, sin trazabilidad del proceso ni datos para tomar mejores decisiones. Era una industria que movía miles de millones de dólares en México y que operaba con las herramientas de comunicación de hace veinte años.
Masu nació en 2022 con un modelo que combinaba marketplace y software SaaS para la industria de resinas plásticas, polietileno y polipropileno, un nicho específico dentro del universo de materias primas para manufactura. La elección no fue aleatoria: es una categoría con altos volúmenes, proveedores concentrados y compradores que todavía dependían de relaciones personales y llamadas para gestionar su inventario. En tres años de operación, la plataforma movió más de 60 millones de dólares en materia prima a través de 5,300 órdenes, combinando el modelo de distribución directo con la gestión de software para distribuidores establecidos. El design partner más grande terminó siendo una empresa global con presencia en más de 100 países que usó el software durante casi un año antes de tomar una decisión que Cepeda no esperaba: liderar la transformación digital desde adentro.
"Masu nación mexicana, no como una adaptación de algo colombiano. Los inversionistas, los advisors, los design partners, todo tenía ADN local. Creía que si iba a construir algo aquí, tenía que nacer aquí." -- Alfredo Cepeda, fundador, Masu
Alfredo Cepeda