América Latina, ya golpeada por el impacto del conflicto en Ormuz en el suministro de insumos agropecuarios, debe prepararse sin "perder tiempo" para la llegada inminente del fenómeno El Niño, dijo un alto funcionario de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
"Nuestra preocupación es El Niño, pero también la combinación del Niño con los problemas del estrecho de Ormuz (...) que daba al mundo 30 al 20% de todos los insumos agrícolas", dijo el miércoles por la tarde Máximo Torero, economista jefe de la FAO, al detallar que por esa vía transitaban no solo petróleo para maquinaria y procesamiento, sino también gas natural para fertilizantes nitrogenados, fosfatos y componentes clave para semillas híbridas.
"La tierra tiene menos de los insumos que requiere, pero ahora le vas a poner un estrés de exceso de agua o un estrés de falta de agua", agregó durante una visita a Santiago de Chile.
Torero citó el caso de Perú, donde la costa norte enfrentará inundaciones mientras la sierra sufrirá escasez hídrica, un patrón que se repetirá en Chile entre el norte y el sur del país. "Los impactos van a ser heterogéneos", advirtió, lo que obligará a los gobiernos a diseñar políticas simultáneas para exceso y falta de agua.
Entre los productos que preocupan están los frutales, dijo el economista, ya que son muy vulnerables en la floración a los cambios de temperaturas y se corre el riesgo de perder no solo cosechas sino plantas.
La soja -cuya producción es clave en países sudamericanos como Brasil, Argentina y Paraguay- tiene la ventaja de ser más resiliente a la humedad, dijo Torero, pero agregó que el maíz y el trigo, también importantes para la economía de la región, "pueden ser más sensibles".
En el sector de la pesca, especies como el salmón o la anchoveta se desplazarán hacia aguas más profundas debido al aumento de las temperaturas.
"Eso va a afectar la capacidad de captura (...) en el caso de lo que es pesca pequeña, hay que poner mecanismos de protección social para ayudar a esos pescadores porque van a tener menor acceso, aunque van a aparecer otras variedades que van a poder operar en esas temperaturas más calurosas del mar", apuntó Torero.
El fenómeno climático de El Niño consiste en un patrón de temperaturas superficiales del mar inusualmente cálidas en el Pacífico ecuatorial central y oriental.
El Centro de Predicción Climática de Estados Unidos advirtió recientemente que existe un 81% de probabilidad de que se produzca un fenómeno muy fuerte durante el período de octubre a diciembre y que se ubicaría entre los eventos de El Niño más grandes registrados históricamente desde 1950.
También indicó que persistiría en los primeros meses del 2027.
"Las probabilidades son altas de que sea un Niño intensivo (como el) del 2015 o que sea el Niño anterior (2023-2024), que fue bastante fuerte (...) Si sabemos que se va a dar y tenemos información histórica que nos puede ayudar a mejorar a la asignación de nuestros recursos públicos y privados, prioricemos en solucionar y hacer acción anticipada en esas áreas", dijo Torero.
Explicó que la preparación debe concentrarse en inversión en infraestructura para evitar problemas de transporte ligado al exceso o la falta de lluvias, el desarrollo de semillas más resistentes al exceso o la falta de agua, hacer cambios como adelantar cosechas, y focalizar la protección social a las zonas que se van a ver impactadas por El Niño.
En América Latina el Corredor Seco centroamericano se encuentra entre las zonas de mayor vulnerables del mundo, ya que condiciones asociadas a El Niño pueden acentuar déficits de precipitación en esta área que va desde el sur de México hasta Panamá.
La FAO ha advertido que el impacto de El Niño "también puede reducir la producción de alimentos básicos, limitar el acceso al agua para hogares y agricultura, afectar la ganadería y la pesca, y aumentar los daños asociados a tormentas tropicales y ciclones en zonas costeras del Pacífico".